15 diciembre 2011

Entre luces y sombras


Hay quien dice que sin luz, sólo somos sombras. Pero, ¿las sombras no necesitan de la luz para ser proyectadas? Ni siquiera ellas se escapan a su encanto, a esa magia que hace latente un poema que explota y lo llena todo de realidad, incluso prestándole su servicio a su más absoluta contraria: la oscuridad.

Una vida llena de emociones, atravesada por lágrimas y sonrisas, elevada a lo máximo y rebajada al mínimo, levitando entre el suelo y el cielo en busca de unas alas que puedan hacer que vueles a través de lo que siempre quisiste ser, pidiendo más y más… Hasta que caes derrotado y te das cuenta: ése golpe ha sido tan fuerte porque ya estabas volando.


El error de un beso no es la causa, si no el valor que queramos darle. Al igual que el cielo puede estar debajo si lo miramos del revés, una lágrima se transformará en una sonrisa si le damos la vuelta al pensamiento que hizo que brotase. De ahí que una flor no es flor porque tenga pétalos, es flor porque la tierra, el agua y el sol quieren que lo sea. Por lo tanto, una persona no es bella porque se lo crea -habiendo convencido a unos pocos espejos-, es bella porque su humanidad, su vitalidad y su halo la realzan entre las demás personas, (qué pena que no todos sepan apreciar esto ¿verdad?)

Si alguna vez has sentido algo más que un escalofrío y has percibido que el alma te explotaba en forma de hormigueo por cada uno de los poros de tu piel… si te has dejado llevar y concebir una electricidad líquida que rompe en tu espalda como una ola enfurecida, es porque REALMENTE has sentido la música que escuchabas, REALMENTE has hecho parte de ti a la persona con quien hacías el amor, REALMENTE has vivido aquello que te han contado o te has puesto en la piel de aquel personaje que leías. Realmente, has amado.

¿No te gusta tu vida? Pues apaga la luz y deja que las sombras te muestren que, incluso ellas, viven gracias a algo fundamental para su presencia: se dieron cuenta de que sin su oscuridad, la luz tampoco existiría.

 Cuántas palabras y frases sin sentido…

27 octubre 2011

Cierra los ojos y...



Existe una resistencia a ser el soñado, todos queremos tener nuestra propia realidad y ser los que sueñan. Ser autores de nuestra gran obra. ¿Pero por qué no considerar que la persona a la cual tanto nos apegamos (este nombre y este cuerpo) no es más que el sueño, más que la narrativa de otro ser? De un inmenso diletante que llena el espacio con su  tinta onírica, un pulpo holográfico de infinitos tentáculos, un ser que sólo observa la divinidad en un espejo transparente. Un ser a través del cual te observas.


Las decisiones que tomamos se rigen por aquello que llamamos “casualidades”, y las casualidades manipulan a nuestras decisiones. ¿Condenados a vivir algo que no controlamos? La sombra de lo imaginado se desfigura en una noche eterna de sudores, silencio y un tenue palpitar; la sombra proyectada es la de nuestro cuerpo, y la luz que la hace posible es sólo su sueño.

Dependemos de que no se despierten demasiado pronto. Hay que ser discretos, no gritar en exceso para no romper esa pompa que nos mantiene pululando por su creación. Hay quien se sale del ‘guión’ porque conduce demasiado rápido, o bien porque participa en una guerra, o abusa de las drogas, etc. Esas historias acaban siendo muy escuetas, no hay que gritar más de la cuenta, no sea que la burbuja se rompa y… ¿Quién no ha soñado que se iba a caer por un barranco y antes de estamparse contra el suelo se ha despertado ipso facto? ¿Quizá un pequeño grito al hacerlo debido a su pasmosa realidad? Va a ser que todos somos asesinos si todos soñamos, si todos nos acabamos despertando; tarde o temprano.

Quién sabe a cuántos han matado ya… pero nadie duerme eternamente, debe levantarse y vivir, aunque sea a costa de otra vida. Pienso yo que eso que dicen cuando fallece alguien de que “duerme eternamente”, en realidad quiere decir que por fin esa persona podrá controlar su vida, soñado lo que se le antoje. Y pudiendo elegir… ¿quién volvería a soñar con un lugar tan imperfecto como este planeta? Yo no lo haría.

Vivimos a cuenta de… Estamos en manos de… Somos esclavos de… ¿Qué? No conoceremos jamás a quien nos proyecta, al compositor de nuestra familia, amigos, entorno, sentimientos, situación… No podremos desconectar su despertador ni apagar su móvil, susurrarle una apacible melodía para endulzar su sueño y así mejorar nuestras condiciones, decirle que dependemos de su letargo para continuar existiendo.

En mi humilde opinión, creo que debemos aprovecharnos de su sopor, ser los vampiros que absorben la fantasía del creador para transformarla en la vida que erigimos. La construcción del escenario no es lo importante, si no la función que se dé en él.

Una vez que reconozco que soy el soñado, se me hace más fácil respirar. ¿Nada que hacer? Sólo observar y disfrutar.

06 octubre 2011

La Jaula


Respirar para hacer tiempo, moverse para seguir en el mismo lugar, mirar para ver siempre lo mismo, escuchar sin prestar atención y vivir para morir. No se trata de la vida de un árbol, si no de la vida de una persona del s. XXI.


Es en ése instante, cuando vamos a morir, en el que nos arrepentimos de no haber hecho tantas cosas… y es que, por desgracia, es en el último intervalo en el que nos damos cuenta de que sólo hay una vida; sólo una, para compartir, sentir, disfrutar, aprender, amar… En ése segundo es cuando uno siente el desperdicio de haber poseído una vida a medias.

Ésta es una llamada para todos aquellos que sientan, como yo, que ha llegado el momento de cambiar.

Yo no nací, a mi me indujeron los bancos, igual que a vosotros. Hicieron un “pacto” para que seamos parte de su producción, sujetos que le aporten beneficios con alrededor de 80 años de contribución económica regular. No valemos más que un coche, una casa o un capricho de un político. Deja de sentirte libre, ¿aún no te has dado cuenta? Hemos nacido en una cárcel, la ceguera que se nos ha inducido son los barrotes que no vemos. Ignorancia productiva para nuestro verdadero padre, el Banco, y un voto más en la democracia soñada que nos aporta nuestra madre, la Política. La educación, los telediarios, la medicina, los videojuegos, el fútbol, la ropa que vestimos e incluso el concepto de belleza que tenemos, son nuestros hermanos. Y nos corresponde amarlos como tales, ya que así nos adiestraron sus inventores, es decir, nuestros padres.

No puedo más, siempre he deseado que todo acabase. Hasta hoy, ya que me he dado cuenta de que en realidad deseo que todo empiece.

…Aún estamos a tiempo

02 septiembre 2011

Tiempo errante


Todo ha terminado. Ni dolor, ni sed, ni hambre… nada. Agarrado al tiempo, recorre con sutileza la vida que se escapa entre suspiros y lamentos ante una tormenta que lo mancha todo de luz eléctrica. Esa efímera luz que es la juventud… Y he decidido que ésta ya no pasará tan súbita, porque ya no esperaré a nada ni a nadie. Sólo a ser feliz y a lo que venga, no a lo que ya ha pasado. Somos hijos del hoy y el futuro está concebido de nosotros, el ayer no existe y de él tienes tú el mando; de hacerlo desaparecer para no darte cuenta, demasiado tarde, de que has pasado tu juventud mirando hacia atrás sin percatarte de que la realidad coexiste de frente. Y es que en la vida sólo miramos atrás para soñar… Se acabó. Sólo soñaré con el hoy y con el mañana, viviré hoy y viviré mañana. Y si se atreve, que sea el pasado quien me mire de frente y se instale en mi ahora; puesto que yo ya he hecho bastante por él y estoy exhausto de evidenciar que él no hiciese nada por mí.

Me bastará una brisa conglomerada de miles de aromas diferentes, me bastará una oscuridad imperiosa en la que la humedad y lo místico tracen dibujos imposibles y hagan de mi sugestión su juego, me bastará el delicado tacto de un pétalo de jazmín rozando las yemas de mis dedos, me bastará contemplar un amanecer cubierto de nubes grises que me empape de rocío el rostro y a la postre de lluvia; para saber que ya no temo a la muerte, que ésta no existe, que mi vida es eterna y, que mi mirada, te pertenece a ti, mañana.

Carta de separación:
Firma: La Noche

24 agosto 2011

Fragmento de Dios

Un pasaje trazado por la luz se convirtió en su camino. Su vida se volcó, olvidando el susurro efímero de la razón por la que se rige el mundo, en el etéreo de una noche que lo revestía todo de azul y plata.

Anduvo durante meses sin conocer ni rumbo ni lugar al cual dirigirse, es más, ni siquiera miraba al suelo al hacerlo. Al caminar ya no sentía pies, solo agua, tierra o barro. Y a pesar de que se olvidó de comer, sí bebía el agua que de vez en cuando llovía; pero nunca dejó de andar, con la cabeza bien alta, como mirando al cielo.

Cruzó muchas fronteras así, e incluso continentes enteros. Descubrió entonces varias cosas que de otra manera no hubiese conocido, una de ellas es que las plantas aromáticas aún lo son más cuando está oscuro. El aroma a romero, a jazmín y azahar se entremezcló con la fragante sutileza de la llovizna nocturna y decidió que, después de aquello, jamás volvería a respirar. Estaba completamente convencido de que no encontraría un olor más embriagador que ése. Siguió el camino que le indicaba la brújula de luz de unas estrellas que le marcaban su ruta como farolillos de aceite… y éstas le ofrecieron, en medio de la espesa negrura, un itinerario que nunca nadie comprendió antes que él: el cambio en sus sentidos y en su manera de ver, sentir y ser parte (de una forma absoluta y real) de la Vida. Emitir luz, calor, armonía y seducir al artista, atraer al curioso y ser parte de toda la historia de la humanidad, de las leyendas, mitos, culturas y religiones.

En ese mismo instante dejó de andar. Volvió a tomar aire y respiró de nuevo. Ahora sabía que su influencia era tan grande como la de la Luna.

La fatiga de su mirada le daba a todo aquello que le envolvía un peculiar tono caoba. Una mañana tensa y de frío invernal en su cabeza le desgarró la garganta junto a un grito de dolor.

El malestar, adormecido por los analgésicos pero persistente, le profería el suficiente hilo de vitalidad como para exprimir, por última vez, su suave y rota voz; la cual le permitió dirigirse a una joven desconocida que yacía junto a él portando una bata blanca.

-¿Dónde estoy?

-Señor, está usted en un centro médico. Le encontraron tirado en un paraje al este de la ciudad, con los pies destrozados, cubiertos de sangre y una fuerte hipotermia, sin olvidar la severa desnutrición… ¿No se acuerda usted de nada?

¿Señor?

Sus ojos se pusieron en blanco y las máquinas que se unían a su cuerpo a través de cables y parches mostraron que sus constantes vitales eran nulas. Su corazón se había parado ipso facto. No obstante, ante la mirada atónita de la enfermera, prosiguió hablando durante unos pocos segundos más.

-El mejor recuerdo que puedes tener de mí, es la presa que le puedas construir a tu memoria para que retenga y no olvide lo que te voy a decir ahora:

Cierra los ojos hasta que tus sueños ahoguen la realidad. No desistas hasta conseguirlo, ya que serás el Dios de ti misma; siempre lo has sido… Y en el momento en que la gente te rechace por ser ‘diferente’, querrá decir que has evolucionado, que existes un paso por delante y que eres Libertad.

-Cómo es posible que hable, si está muert…

-¡Abre los ojos! Eres parte de mi creación.

Bruscamente me levanté de la cama y miré el despertador: las 4:30 de la madrugada. Juraría que fue el sueño más lúcido de mi vida a no ser por ese aroma que flotaba en mi habitación, aun estando la ventana cerrada… Era como a hierbas del campo y lluvia.

Al incorporarme en el colchón para ir a beber agua, no pude contener un grito de espanto: cuando dejé caer mis pies al suelo, un manto de sangre los recubrían; estaban en carne viva. Fue una sensación extraña, pero a pesar de que no me dolían, parecía que hubiese estado andando durante meses.

07 junio 2011

El Diario de Ruta

¿Alguna vez has sentido que te falta algo, aun teniéndolo todo? ¿Alguna vez has llorado sin saber el por qué? ¿Te has sentido vacío, aun cuando los demás te ven pletórico? Así me sentía yo, soñando que me hundía y me ahogaba en un barco con rumbo a ninguna parte.

Pero me di cuenta de cuál era el error que había cometido, y desperté...

Dejé de observar y comencé a ver, a escuchar y a escucharme a mí mismo. Entendí que no sabía apreciar los pequeños detalles de mi vida, y empecé a VIVIR. A SENTIR que estaba ahí. Contaba las veces que respiraba en la cubierta de la embarcación que siempre había anhelado capitanear. Intenté ser yo quien tomara las riendas de un corazón que parecía latir involuntariamente, pero, es entonces cuando me di cuenta de que eso no era así: el corazón late porque alguien cree en nosotros.

Lo que me mantenía al timón de mi día a día dejaron de ser las preocupaciones, la duda o la tristeza. El pesimismo, la ira y el odio, los tiré al surco de espuma que aseveraba mi barco tras su marcha y se convirtieron en burbujas de aire sin sentido. Entonces comprendí que siempre habían sido eso; pompas transparentes de las que nadie se sentía atraído, ni yo mismo.

Dejé de respirar ese aire con el que compartía la invisibilidad y comencé a volar.

Me sumergí en el mar que rodeaba el casco de mi cabina y me elevé sobre las profundidades de mi ser. Supe entonces de la CONFIANZA que debía llenar el océano de mis emociones al conocer que, aunque cayese en lo más profundo del abismo azul, siempre habría un final; un fondo de arena donde poder impulsarme y salir de nuevo. Remontar hacia el cielo con mucha más fuerza y altura impulsado por la ESPERANZA de percibir que la diferencia entre caer y levantarse, es que si te tropiezas siempre habrá un suelo desde el que poder comenzar de 0; en cambio, si decides volar… el infinito es tuyo.

Jamás probé un beso tan dulce como el día que elegí amar y amarme sin barreras. No hay que tener miedo de abrir los ojos, detenerse y enamorarse ciegamente; ya que la vida se compone de ello casi en su totalidad. AMAR de verdad, sin mentir ni mentirme… sólo alcancé a saber lo que era ‘amor’ cuando me perdí entre Sueño, Realidad y Ella. Sin poder ni querer distinguirlos. Desorientado, pero con un rumbo fijo hacia lo único que me importa.

Es entonces cuando la PAZ me inunda y siento que al fin, soy YO. Alguien que ha cambiado a mejor; a ser yo mismo. Ya que a vivir no se aprende cuando nacemos, sino que uno mismo debe darse cuenta de si vive en un cajón oscuro en su propia matrix, o quiere subir a la cubierta de mi embarcación, a sentir las virutas de agua que acarician las ilusiones y te hacen planear sobre el aire que te pertenece y al que perteneces.

Así me sentía yo, soñando que me hundía y me ahogaba en un barco con rumbo a ninguna parte…

Pero me di cuenta de cuál era el error que había cometido, y desperté. Pero desperté cuando ya era demasiado tarde.

Diario de Ruta; 15 de abril de 1912

Capitán Edward John Smith, RMS Titanic



05 junio 2011

Carta a la Ansiedad; (Escrito en tinta de agua)

Amiga Paola:

Lo que no me he atrevido a decirte a la cara te lo escribo en este folio, cuya tinta, transporta la esencia de una voz que habría sido temblorosa.

Quizá al leer mi nombre ya sepas el resto del contenido de la carta... Pero antes de suponer, déjame intentar aliviar cualquier duda, sofocar toda incertidumbre y ante todo, confíame unos pocos minutos para no dejar lugar a las suposiciones.

La última vez que nos vimos fue el viernes por la noche en la cafetería de la plaza, y a pesar de los escasos tres metros que nos separaban, llegué a contar 13 surcos en tus labios. Finísimas líneas color azafrán que se desvanecían cuando sonreías, instante en el que me daba cuenta de que llevaba demasiado tiempo mirando tu boca; espero que no sospecharan nada.

¿Entiendes por qué no debió pasar aquello? Porque yo cuando lo pienso, a veces dudo incluso de si me entiendo a mí mismo… Has embrujado a un corazón que ya lo estaba, embelesándolo de tal forma, que mis sentidos amanecen ebrios cada día. Ya no sé distinguir entre razón, cordura, pasión o amor, puesto que cada una de esas palabras las veo borrosas y las siento dobles.

Las noches pasan ante mis ojos sin poder conciliar el sueño, y vuelvo a revivirlo sin poder oponerme, aunque quiera… fantaseo que tu perfume quedó para siempre impregnado en mi piel. Tu aliento húmedo, rápido y cálido que se detuvo en mi boca, el sabor de tus besos que me hizo perder la noción del tiempo y de la existencia; creí morir en ti.

Tengo miedo, porque hasta que apareciste en mi vida pensaba que era feliz. Y aún lo sigo creyendo, pero como un castillo de arena se desmorona ese pensamiento al volverte a ver. Es más, ella había construido una ciudad entera sobre una playa de aguas sosegadas, y una simple ola ha hecho que todo se venga abajo, desmoronándose de tal forma que cada grano de arena es un recuerdo que me hiere.

No quiero quemarme en los anhelos de un “volverte a ver”, porque eso ya está concebido y tiene nombre propio: el Infierno. Tampoco es justo quererte, porque ya hay alguien que lo hace mejor que yo. Y aunque estoy seguro de que tú pensarás igual, aún dejo de sentir el pulso, el tiempo y todo lo que me envuelve al creer distinguir tu aroma sumergido entre las caricias de ella.

Por favor, te suplico que me devuelvas la vida. O bien, que me la quites del todo.

04 abril 2011

La cumbre de la felicidad

“Los recuerdos muertos condicionan nuestra vida”

Veintidós consonantes y cinco vocales. Veinticuatro horas de los siete días de una semana, que alargada, le da forma a un mes. Doce meses hacen falta para perpetuar un año; dos; diez…

Nada.

El viento mece al tiempo hasta que con fuerza, arrastra letras en forma de tierra… ventisca que a veces forma dunas, otras barro, y con suerte obras de arte, hogares o algún castillo. El viento mece al tiempo hasta que las letras que transporta se amontonan en una cumbre de sentimientos. Cima que cualquier ser humano puede moldear, escoger su altura; erigir la cumbre de su ser.

Si haces música, aportas melodía al tiempo, amor al aire; contaminas de ritmo a la vida. Si haces teatro o cine y te gusta interpretar, explotas la rutina de una voz, de un camino, abriendo varios en los que poder bailar al son de las emociones. Pero si haces feliz a la gente, seas lo que seas y quieras ser, serás un músico que sabe tocar corazones e interpretar la vida como un corto en el que eres protagonista.


En cambio, si haces daño, te haces daño; se desquebrajan las partituras de lo que eres y olvidas el guión que guardabas en la cima de tu corazón… que pasa a ser un peñón arrasado por razones totalmente llanas.

Las letras y el tiempo son “nada” si eliges que sean “nada”. Si algo nos enseña la vida… es que cualquier logro, por pequeño que sea, empieza con una mueca de felicidad. Ésta, conforma los cimientos de cualquier cumbre que deseemos construir o conquistar.

“Sonreír es el placer que se interpone entre la muerte y la vida”

... no hay nada más bonito que recordar una sonrisa.

28 marzo 2011

Una página donde trazar tu vida


“Soñar, es asfaltar los trozos de nuestro camino que aún siguen siendo de tierra”

Crujía a sus pies a la vez que se levantaba una nube de polvo del mismo color que el cielo; del mismo gris intenso que delineaban sus ojos. La alfombra de escombros, que manchaba sus maltrechas botas, tejía una red de casas semiderruidas, atrapadas por una niebla que parecía que estuviese encadenada a aquel lugar. Las calles empedradas, conducían hasta la cima del pequeño valle, sumergido en el vaho que espiraba un bosque sombrío que lo envolvía todo y que parecía observarlo.

Olía a humedad, el viento hacía chasquear a las ramas muertas y de la Luna no había ni rastro, ya que empezaba a anochecer y las sombras querían abrazarlo… la única luz de un farolillo de aceite, tenue por la escarcha, lo incitaba a subir a la mansión dotada de una atalaya. La casa, levantada en piedra revestida de años y moho, estaba provista de un torreón arcano a la vez que extrañamente llamativo, el único en buen estado. Éste parecía no perder de vista la totalidad del valle, siendo el único pico que sobresalía de la penumbra.

Sólo esperaba que estuviese allí, donde quedaron, y que su juego no terminara jamás.

Evitando resbalarse entre escombros y el suelo mojado, se sentó en un tronco caído que partía a una inclinada callejuela en dos. Mientras se secaba las piernas del fino manto de ese rocío constante que compartían la noche y las sombras, por un momento, notó cómo el aroma a tierra mojada se entremezclaba con el de su perfume.

–Ya que no subías tú, he bajado yo a buscarte, –susurró la delicada voz que tantas noches le había robado el sueño.

Con una sonrisa cómplice, el chico se dio la vuelta; con la respiración acelerada, ambos rozaron sus pómulos. Un gesto mucho más que tentador le sirvió para que él bebiese del negro del carmín que cubría sus labios; ahora ya no concebía más noche que su boca.

Los cuentos de miedo, oscuridad y pecado de la vecina Transilvania habían llegado hasta sus oídos hacía no mucho. Las historias góticas y de foránea sensualidad eran un tema tabú para toda Polonia. Excepto para ambos. Su juego sólo lo conocían ellos y aquel sombrío torreón al que se dirigían entre carreras, risas y niebla.

Una gran puerta empapada a la par que oxidada, daba la bienvenida a los jóvenes con un agudo chirrido. El calor y la luz que invadía la estancia entre velones y candelabros se sumó al ardor de su sangre, que fluía más rápido que su imaginación. La joven cogió una antorcha tendida de la pared y la acercó a la mano de él: –¿sientes el fuego, su calor, su magia? …pues no es nada comparado con lo que arde dentro de mí y que tú provocas…

La joven soltó la antorcha, y mientras ésta se consumía por un solo lado, se quitó la ropa sin dejar de mirarlo a los ojos. –Siéntelo, –le susurró en el oído mientras inclinaba la cabeza de forma sutil.

Sus ojos, pintados de negro, brillaban más que la lamparilla de aceite que reflejaba la ausencia de barreras entre su piel y la del joven. No importaba dónde, ni cómo, ni cuánto… sólo importaba que el uno fuese el otro, que sintiesen la misma pasión que bailaba entre la sensualidad y el pecado, entre el placer y el dolor. Su alma se partía en mil pedazos y ella la reconstruía con un millón de besos engarzándolos en uno. Los gemidos de ambos eran la prolongación de su ser, del infierno que habían inventado para amarse como en los cuentos; infierno que les sabía a paraíso. La boca de él recorría cada parte de su cuerpo, lo mordía, lo besaba… tal y como había leído en aquellas novelas góticas. Ella después hacía lo mismo, fundiéndose al compás de su extasiado palpitar. Era inimaginable sentir tanto, percibir que en la habitación de aquella atalaya ellos reconstruían un sueño vivo, dejaban de estar cercados por las rejas de sus costumbres y mudaban de libertad a sus almas; que hacían de esa estancia el día soleado que jamás contemplaron en aquel nebuloso valle.

Un estruendo espantoso en las cercanías les interrumpió, asustándolos, era como si el cielo se estuviese viniendo encima muy cerca de allí.

– ¡Sabes que no deberíamos quedarnos más tiempo! ¡Vámonos! Mi familia me ha advertido de que hoy, primero de septiembre, podría haber un ataque aéreo de esos mal nacid…

– ¡Chsss…! –le interrumpió la joven, mientras acariciaba su cuerpo desnudo con una pasividad sorprendente–. ¿Sabes?, me he dado cuenta de que estamos hechos de lo que nunca fuimos. Experimentamos cosas que jamás sucedieron; recortamos los bordes del folio de nuestra realidad hasta que logramos la silueta que deseamos ver… –El timbre de la voz de la joven se volvió más duro.

– Lo sé, –respondió él pensativo– y ello nos ha mantenido vivos, conservando la llama de nuestro amor más allá de todas estas torturas, de todos estos trabajos forzados, de la irracionalidad, del odio y de la ignorancia de quienes nos trajeron, hace ya tres semanas, a este lugar tan repulsivo.

Un pelotón de soldados les obligaba a avanzar hacia unas duchas que habían sido construidas el día anterior. La joven, con la cabellera afeitada y la cara escuálida, igual que la de él, apretó fuerte su mano y se miraron, reparando en que sus miradas eran lo único que seguía con vida en aquellos cuerpos desnutridos. Mientras la demás gente sollozaba y pedía por Dios que los sacaran de ese cuarto repleto de extraños aspersores, ambos se sonrieron y se besaron sin dejar de oprimir fuerte sus manos. Antes de que el ruido de unos motores que yacían encima de la estancia anunciasen la inminente salida de un espeso humo, la joven le susurró, por última vez, algo que le hizo llorar:

–Todo, absolutamente todo lo imaginado hasta hoy, le ha dado la silueta que siempre había soñado a la página de mi vida: tú.

21 marzo 2011

Recarga tu existencia


“La vida es tan amplia que desborda el arca de la razón”

Abre los ojos: eres casi en tu totalidad agua y un adarme de electricidad, una batería con alrededor de un siglo de vida. Te alimentas de otros seres vivos que como tú están compuestos de “lluvia y energía”, pero esquivas pensar en ello porque NO hay tiempo, porque ¡la pila se gasta a cada minuto que pasa! Nos bañamos en lagos de fe y creencias que nos otorgan el don de calibrar que cuando la chispa que nos da vida se agote seguirá fluyendo en otro lugar, (lugar que nadie ha visto ni ha estado para describirlo). Dependes de la luz del sol, del oxígeno que estás inhalando ipso facto, del agua que bebes, de la gravedad que te mantiene ahí, en la silla; los 36,5º que te proporciona la estructura que mantiene activo tu cuerpo hace que te sientas bien, como embelesado por algo que no sabrías explicar del todo... y es que después de 200.000 años de fabricación y perfeccionamiento del mecanismo, seguimos siendo interrogantes caminando sobre más interrogantes.

El mayor y más temible cazador de la tierra, enfrentado a la fragilidad de una espiga de trigo. El ser humano contra el ser humano. La inteligencia, la conciencia, la solidaridad, la cultura y las ideologías convencidas en hacer daño arrastran a la inteligencia, la conciencia, la solidaridad, la cultura y las ideologías inclinadas a funcionar de forma positiva; así hasta que la “viceversa” se desgasta en un remolino infinito. El humano, la persona, tú o yo; estamos dotados con algo extraordinario, el poder de la Objetividad y de la Subjetividad. Ambas concesiones, desde el inicio, son transformadas y entendidas como un motivo de sangre. La una conquista a la otra, el uno pisa al otro… Hasta que llega la venganza y otra vez empieza el párrafo, cambiando que el que antes pisó ahora es pisado; soslayando y perpetuando que el pie con el que pisas, al igual que con el que fuiste pisado, tiene cinco dedos.

Pero la electricidad vital con la que estás recargado y que te mantiene no es para siempre y hay que aprovecharla. Desperdicia algo de ella y entonces sabrás lo que es odio, ira y sed de venganza…

Y ese es el bucle de lo que tú llamas vida.

Corre, abre la ventana, estés donde estés; prueba a respirar la brisa que recorre cada parte de este mundo, cada rincón escrutado. Toma aire, abre bien los ojos y saborea este momento. Pero no lo olvides: tu batería está funcionando a pleno rendimiento.

20 marzo 2011

Luz de Luna


“Luz de Luna” es un relato que ya publiqué hace un tiempo en otro blog pero que he decidido recopilarlo en Talismán de Barro. Espero que quien ya lo haya leído, si le gustó, que lo vuelva a disfrutar; y quien no, que sea de su agrado...

"Mi premio es vuestra sonrisa"


Se escucha con brevedad, es seco y efímero, el retumbar hace que la presión de su dedo parezca un cañón con retroceso; era el sonido de las teclas de su ordenador...

La gente le gritaba que era único, con un oído único; nadie oía tan fino como él.

Los motores de los coches parecían excavadoras entrando por su ventana cerrada, sus vecinos propiciaban golpes atroces en las paredes de su casa, su familia le chillaba al oído desde el salón que saliese de una vez de su cuarto, que llevaba días sin comer nada. Los aviones que sobrevolaban su hogar parecía que iban a colisionar en su terraza; y sus lágrimas al caer resonaban como campanas...

Su tez empezó a empalidecer, estaba cada vez peor; decidió encerrarse con llave en su habitación para no volver a salir jamás... Lo que más le dolía era que ni siquiera podía andar, moverse bruscamente, estornudar o bostezar... pues ello le asemejaba un estruendo horroroso e inaguantable. Llegó hasta tal punto, que incluso pestañear significaban dos truenos abriéndose paso entre una tormenta interminable, tormenta que se recostó dentro de él, volviéndolo loco.

Tomó la decisión de quedarse absolutamente quieto.

Pasó un tiempo hasta que su familia decidió abrir su puerta a la fuerza, su sorpresa se hizo latente al observar que allí no había nadie. De él sólo quedó una última frase en su ordenador:

“Jamás escuché un susurro, es tan bello...

La noche me trasladó en forma de eco un secreto, y una luz iluminó mi cuerpo, luz de almas y de vida, luz mestiza entre el atardecer y el alba… Un pacto, un sueño, ser el testimonio del silencio; a cambio yo, iluminaré la oscuridad de la noche, para la eternidad”

14 marzo 2011

Tiempo Estrellado


Aquel relámpago desplegándose sobre la tormenta sólo venía a ser un escalofrío más en la espalda de un afligido, un chico que se creía normal… La vida le había propiciado un buen regalo: buena familia, inmejorables amigos, los estudios de sus sueños y una novia estupenda. Pero él se sentía extraño, notaba que le faltaba algo; no era suficiente…

Tiempo atrás conoció a una joven que removió, con una sola mirada, con una sola gota de su alegría, el tranquilo océano de la vida del chico. Una gota bastó para que las sosegadas aguas de la parte más emotiva de su corazón destrozasen con una bravura jamás sentida cualquier muro de cordura, cualquier puerto de razón…

Sólo hubo una chispa entre aquellos dos muchachos en aquel tiempo pasado, un instante en que dos estrellas chocaron, momento que les supo a una vida… pero que poco a poco el tiempo fue oxidando.

Los años pasaban, la vida continuaba y todo aquello sólo fue un recuerdo; hasta que él se dio cuenta de algo… Algo necesario para seguir viviendo.

Sucedió una noche estrellada. Éste se encontraba en la terraza de su casa, un día en el que el fulgor de las estrellas era tan intenso como el calor que lo envolvía todo. El joven miró su reloj, en él se reflejaban todas las luces celestes sobre un fondo oscuro… y en ese preciso instante, le vino a la mente el aroma de su piel, el dulce sabor de sus labios, la efímera sensación de volar… y se percató, sin quitar la mirada de la esfera de cristal de su reloj, de que las agujas se habían parado.

Atónito, comenzó a dar golpecitos sobre el pequeño reloj intentando que el mecanismo volviese a funcionar, hasta que su voz le sorprendió...

Era ella. Entre luces del cielo se presentó con su sonrisa hecha del mismo material que las estrellas, y con un gesto sutil le indicó que se acercase… -¿Te acuerdas de lo que es amor?, ¿sabrías explicarme qué es pasión si yo no hubiese entrado nunca en tu vida? – dijo emocionada.

-Y tú, ¿sabrías decírmelo? – le contestó él.

-Tu reloj no se ha parado porque sí, lo ha parado el amor. La fuerza que aún nos une ha hecho que este momento sea sólo para los dos; es una prolongación de aquella noche, una tregua entre la razón y lo correcto para dar paso a la pasión y a la ternura… ¿Vienes conmigo? – Le susurró la chica mientras le resbalaba una lágrima por el rostro.

El joven asintió.

Llenaron la habitación de abajo con velas de todos los colores, y entre miradas cómplices, el óxido del deseo que ambos sentían fue deshaciéndose al tiempo que las llamas se iban apoderando de la cera… dando lugar a que el ardor de sus corazones latiesen el uno encima del otro, sin barreras, sin ropa… Entre la noche ascendían los rayos de la Luna, desvelando un secreto de amor a las estrellas… Con los ojos cerrados sólo veían por su corazón, sentían como se rozaban sus labios, y como éstos daban paso a un beso más intenso cuyo principio era un escalofrío y el final infinito… Las manos del joven sentían la suavidad de la fina arena de playa al deslizarlas por sus perfectas piernas, el calor se abría paso entre sus muslos confundiendo susurros de pasión con el sonido de la noche que los cercaba, sus caderas reflejaban la luz de alguna estrella fugaz; mientras, éstas seguían contemplando en secreto cómo entre pequeños gemidos y gotas de sudor se avivaban el cariño, la pasión, la ternura y la verdad en forma de amor sin final.

Aquello duraría lo que persistiese el brillo de la noche…

Su olfato percibió el dulce perfume de su piel, pero cuando intentó abrazarla, sus manos se toparon con un colchón empapado en sudor y lágrimas. Al tiempo que abría los ojos, la abrasadora luz del día le hizo entender que todo fue sólo un sueño…

Se recostó en sus brazos y entre lágrimas se repetía sin cesar que no podía ser… Fue entonces cuando de refilón, se dio cuenta de que con su propio aliento el reloj se había llenado de vaho, y en éste, había escrito un mensaje muy corto, pero que le cambiaría la vida:

“Te quiero”

Con una leve sonrisa y los ojos lagrimosos se recostó en el alféizar de su ventana, no había sido obra de su imaginación… Sin dejar de sonreír, levantó al vuelo un susurro que al tiempo que lo pronunciaba hizo que vibrase cada parte de su cuerpo:

-“Te amo. Siempre lo he hecho”

Pasaron unos días en los que el joven tuvo mucho sueño, a su juicio durmió durante semanas... Al levantarse, se notó más lento, cansado… En el largo pasillo de su casa, junto a la puerta del aseo, reposaba un gran espejo colgado de la pared; su sorpresa no pudo ser más grande al verse reflejado en él: al otro lado del espejo había un señor mayor, arrugado, de unos setenta años…

Había pasado toda una vida sin que aquel hombre se diese cuenta…

Jamás volvió a ser el mismo. Y aunque siguió su vida y continuó creyendo ser el que era antes de todo lo ocurrido, nunca dejó de mirar instintivamente aquel reloj… deseando que las agujas se parasen de nuevo, y convencido de que el amor verdadero es lo único que puede vencer al tiempo.

12 marzo 2011

Talismán de Barro


Deambular por calles imaginadas, respirar viento perfumado; tierra mojada… Echar raíces en arena de playa, soñar que duermo despierto; fingiendo que duermo. Estrechar el vínculo con la brisa y volar, y teñir de celeste una nube para que así sea cielo… sin saber qué estoy haciendo, porque estoy soñando; estoy despierto.

Los ojos cerrados, efímero reflejo involuntario que transporta del paraíso su eco a través de un pestañeo, del roce del silencio, de los labios de lo odiado y del anhelo.

Aquel niño de 7 años, dormía más de lo recomendado a su edad, lloraba cuando lo despertaban, lloraba porque interrumpían su aliento irreal, el propósito aislado de la verdad de su ser. Ello lo salvaba de ser uno más; amparando, del mismo modo, su juicio del mundo material.

El tiempo pasaba, pero él seguía igual de niño, auspiciando que su familia lo despreciaría tarde o temprano. Ser diferente por no percibir el calor de un rayo de sol, sino el estruendo de una estrella fugaz que huye de la eclipsada luna después de robarle un pedacito de su luz, y que finalmente tropieza en su piel; ser discorde con ellos porque no siente dolor, ni hambre, ni sed… sólo miedo de ver, de sentir, de poseer más que la nada, pues para él era su todo. Ser distinto por sonreír siempre que cerraba los ojos, siempre que dormía, cuando soñaba y ardía la eternidad sin pasar el tiempo, cuando miles de vidas abarrotaban un espacio vacío entre sus pupilas y sus párpados. Allí, donde se resguardaba su alma adulada por unas pestañas ya rotas de tanto delirar, confundiendo su realidad.

La adolescencia, la juventud y su edad adulta la pasó en un centro psiquiátrico, entre paredes blancas y visión borrosa debido a los fármacos tan fuertes que fluían por su sangre. Su familia lo arrojó a las puertas de aquel hospital al cumplir la mayoría de edad cual bolsa de basura al contenedor, sin mirar atrás.

Quién iba a pensar que fueron los mejores años de su vida… Siempre estaba durmiendo; y lo mejor es que dejaban que lo hiciese tanto como quisiera, sin molestarle.

Al cumplir 79 años, un grave tumor hizo que los médicos del centro, en acuerdo con la dirección, le diesen un único día de libertad. Donde él quisiera ir, ellos le llevarían. Como un último deseo antes de sucumbir ante su avanzada enfermedad.

Aquel viejo, que sin arruga alguna desafiaba a la ciencia, (ellos pensaban que era una rara enfermedad sin documentar) determinó que deseaba ir a pasar su día en una playa. Y así fue.

Sin camisa de fuerza y con los psiquiatras al lado del coche, observándolo desde la arena, el anciano retomaba unos pasos olvidados hacia una luz solar envolvente que le asemejaba un tornado de fuegos artificiales sobre un espejo de cristal en movimiento. La tez de su cara, empapada en lágrimas y emitiendo sollozos de alegría, notó que las olas que rompían contra las rocas le gritaban que se aproximase salpicando de susurros sus sentidos. Sus piernas, parecía que volvían a adquirir una vitalidad inhóspita… con los ojos cerrados y sin poder evitar algún traspié, corrió hasta lo más alto del espigón.

La reacción de los médicos pareció lenta a caso hecho, veían en todo momento que iba hacia aquella dirección… y no detuvieron sus pasos.

El frío estrechaba sus vértebras oxidando su sangre, retornando vapor las gotas que caían de sus ojos; arropando la gélida espuma del mar con una sábana de intenso color rojo. Las capas de agua que se apoderaban de su cuerpo regaban cada poro de su piel, y de cada uno de ellos germinaba una flor cuyo aroma pertenecía a un recuerdo. Un seísmo entrecortado convulsionaba sus músculos y cada vez lo hacía a mayor velocidad. El agua salada se volvió dulce, el sol brillaba en la noche y de las rocas que aprisionaban su cuerpo brotaron algodón. Ese incoherente movimiento sísmico que manaba de sus huesos era más fuerte y más continuo, comenzaba a ser atronador. El fulgor de sus ojos se reflejaba en las aguas cristalinas estando cerrados, en ellas había lumbres de leña que le calentaban de dentro a fuera; el perfume del incienso de la vida ya casi no olía a nada. Aquel temblor dejó de ser intermitente, se colapsaron sus oídos y el terremoto que sentía cada vez más intenso y profundo, enmudeció para siempre.

-¡Levanta ya hijo, y no empieces a llorar otra vez que hoy volverás a llegar tarde al colegio!-